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COMPETITIVIDAD Y COMPLEMENTACIÓN DEL SECTOR AGROALIMENARIO.

 

ROBERTO GONZÁLEZ BARRERA

PRESIDENTE DE GRUPO MASECA Y GRUPO FINANCIERO BANORTE.

 

Agradezco al Sr. Secretario Javier Usabiaga su amable invitación para participar en este importante foro. Considero un honor estar con todos ustedes.

 

La tendencia mundial en el sector agroalimentario es hacia sistemas productivos más complejos, una competencia más intensa y consumidores más exigentes por productos de la mayor calidad e inocuidad, precios accesibles y ecológicamente amigables, como ocurre ya en los países desarrollados y como lo vemos cada vez más en los países emergentes, a consecuencia de la globalización.

 

El problema principal para México es la competitividad, que tiene que ver con la baja productividad, el deterioro de los recursos productivos y la pobreza.  La fórmula para avanzar es invertir en ciencia y tecnología, tanto propia como de adaptación eficaz a cada país; educación de la mayor calidad en todos los niveles y capacitación eficiente de los productores, sin descuidar aspectos como organización. 

 

Esto requiere entender que en el mundo global del siglo XXI, el conocimiento es tan o más importante que el capital, y que debemos desarrollarlo y llevarlo a todos los niveles sociales, guiados por reglas del mercado, pero también apegados a normas ecológicas.

 

En el sector agropecuario, el reto es doble porque prácticamente no hay más áreas para siembra, y la demanda de alimentos y materias primas sigue creciendo, por lo que todo el apoyo posible al crecimiento de la productividad debe verse como una inversión a favor de toda la economía. Esto considera apoyos fiscales para infraestructura, nuevas inversiones  y modernización del campo, incluyendo nuevas tecnologías.

 

Hay que crear redes de innovación y desarrollo, para elevar la productividad conjunta de productores y agroindustriales, y unir esfuerzos para apoyar el desarrollo de proyectos rurales productivos.

 

Dada la gran población que vive en el campo y las limitaciones que existen para que encuentren trabajo fuera de él, los proyectos a promover no deben limitarse al Sector Agroalimentario, sino diversificar la cartera de inversiones, para mejorar el bienestar de la población rural, a través de la creación de empleos de mayor productividad y remuneración.

 

Sobre esta base, junto a la reducción de los subsidios a las exportaciones de países desarrollados,   los tratados de libre comercio serán un factor más claro y contundente de desarrollo.  O sea, se requiere un esfuerzo interno de cada país y crear un marco internacional más propicio.

 

En este tema, debemos reconocer que el TLC en un gran balance ha sido positivo para ambos países, sin desconocer que como en toda negociación hay ramas productivas que pueden tener problemas.

 

Lo importante es aprender a superar controversias y enfocar el esfuerzo hacia los sectores de mayor potencial productivo, capaces de generar un incremento neto en el comercio y en la inversión entre ambos países.  Hoy vamos a evaluar los primeros diez años del TLC, pero nuestro interés principal debe ser cómo mejorar sus resultados en los diez o veinte años siguientes. 

 

En esta tarea, hay muchos  empresarios y sectores productivos  de ambos países, que podemos impulsar un intercambio y una relación más directa entre nosotros, como lo ejemplifica el convenio de los avicultores mexicanos con sus contrapartes de Estados Unidos y Canadá

Como empresarios podemos hacer mucho.

 

El sector privado es el agente idóneo para traducir las exigencias del mercado en impulsos dinámicos y modernizadores del pequeño productor, que generalmente trabaja con una cultura tradicional.  Las agroindustrias, concretamente, podemos organizar y desarrollar proveedores sólidos, confiables y rentables, que permanezcan y prosperen en su actividad o se inicien en otras de mayor valor agregado.

 

Pensar en mejorar la producción agroalimentaria sin conocer al consumidor final, sería un error.  Nosotros podemos colaborar como la parte coordinadora de los diversos eslabones de una cadena de abasto, y de hecho lo estamos haciendo mediante convenios con ambos extremos de la cadena, conectando así, y capacitando al productor para una relación más productiva con el mercado.

 

Consideramos que, además, las políticas comunes deben considerar:

 

Alianzas estratégicas a lo largo de toda la cadena productiva y de abasto, para crear sinergias y hacer eficientes y rentables a cada uno de los eslabones de la cadena, tanto dentro de un país como en la relación binacional.

 

Promover la innovación tecnológica de todo tipo en el sistema agroalimentario, ya que no basta con invertir más, si el proceso no va acompañado de cambios en la organización de la producción, su manejo, logística, distribución y empaque, así como de la generación de productos nuevos, más diferenciados y con mayor valor agregado.  Para que el desarrollo sea sostenible, debemos aprender a producir con menos consumo de recursos naturales y energéticos, así como reciclar el agua, proteger los suelos y recuperar los bosques.

 

Fortalecimiento institucional de los gobiernos, las empresas y las organizaciones sociales, que deben aprender a trabajar en equipo hacia los objetivos planteados.

 

Estudiar a fondo el mercado y  la competencia  que cada sector  tiene,  de  manera específica por rama productiva y mantener una visión de largo plazo para orientar a nuestros productores y agroindustriales.

 

El común denominador es crear políticas de Ganar-Ganar, para el pequeño productor del campo, la agroindustria, los distribuidores, el consumidor final y la sociedad.

 

Hay que evitar los falsos dilemas como que la utilidad se genera explotando al campesino, al consumidor, o a los recursos naturales. 

 

Por el contrario, cuidar los intereses de todos, es la mejor forma de crear empresas rentables, sólidas y duraderas, porque la utilidad, la prosperidad y la seguridad futuras de ambas naciones, está en convertir a los pobres en consumidores, lograr economías de escala, innovar tecnológicamente para ser más eficientes, y en dar viabilidad de largo plazo al uso racional del medio ambiente.

 

En este objetivo, a los mexicanos nos corresponde luchar al lado del Presidente Fox, por avanzar en construir una economía más sólida y sostenible, y por convertir nuestra democracia en un instrumento de progreso y bienestar real para todos, en especial los más rezagados. 

 

Sólo podremos lograrlo con acuerdos políticos, que pongan por encima de partidos y de contiendas electorales, los cambios de fondo que ya están planteados y que son indispensables para abrir mejores oportunidades a las nuevas generaciones.

 

MUCHAS GRACIAS.

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