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LUEGO
DE OPERAR EN COSTA RICA, LAS METAS DE CRECIMIENTO FUERON
GLOBALES.
1971
representó para GRUMA grandes retos. Seguramente, el más importante fue el de la
internacionalización; en aquellos días el Grupo había desarrollado ya una
importante industria a partir de la transformación de maíz en harina y contaba
con importantes conocimientos tecnológicos y administrativos que le permitirían
pensar en nuevos horizontes, allende las fronteras mexicanas.
A
invitación expresa del gobierno de Costa Rica, en particular del entonces
Presidente, José María Figueres, GRUMA estudió el mercado de aquella nación en
la que por razones predominantemente económicas, se había dejado de producir
maíz, para sustituirlo por trigo de importación, que en aquellos días era
proporcionado como ayuda internacional por los Estados
Unidos.
Con
una visión de largo plazo, la administración del presidente Figueres se dio a la
tarea de buscar, donde fuera que se encontrara, a la persona indicada para poder
devolver la cultura del maíz a su nación, dado que de seguir el rumbo de las
cosas, en un par de lustros más la población habría estado acostumbrada a
consumir sólo trigo, dependido casi totalmente de las importaciones de este
grano.
Así,
la inquietud del mandatario costarricense se centraba en conseguir un organismo
o empresa capaz de desarrollar una industria del maíz en su nación,
climatológicamente más amigable para este grano que para el
trigo.
La
búsqueda culminó en México, cuando el entonces presidente Luis Echeverría
Álvarez sugirió a su homólogo costarricense que analizara el caso de la
industria harinera de su país, donde GRUMA, empresa fundada por Don Roberto
González Barrera, jugaba un papel protagónico.
GRUMA
contaba con el perfil requerido, por lo que en 1973 se dio a la tarea de
replicar su experiencia industrial en ese nuevo mercado, dando así uno de los
pasos más importantes de sus cincuenta años de historia; iniciaba así una etapa
que le permitiría adquirir experiencia en el extranjero, aprovechando las
grandes ventajas de su propia tecnología.
Los
siguientes fueron años de arduo trabajo, buscando penetrar firmemente en el
mercado con un producto nuevo; lapso que sirvió también para comprobar la
eficacia de las nuevas tecnologías que se iban desarrollando y para comprobar la
eficacia de programas de distribución, así como la oportunidad de diversificar
las actividades empresariales de GRUMA.
LA
OPERACIÓN PALMITO
Sobre
la incursión de GRUMA en el procesamiento y envasado de palmito, el propio Don
Roberto González Barrera recuerda:
“Cuando estuvimos bien cimentados con nuestras operaciones de tortilla en
materia de publicidad, distribución masiva, fabricación y administración,
entonces tuvimos la oportunidad de comprar un negocio de jugos y conservas
enlatadas que tenía fábricas en Costa Rica y Guatemala. Junto con ese negocio
venía una pequeña finca que cultivaba palmito de manera rudimentaria, utilizando
palmito silvestre”.
“Recuerdo
que mi gente me decía en aquella época, vamos a cerrar esto del palmito y nos
quedamos sólo con las conservas… yo les dije, no, es al revés, cierren las
conservas pero no la producción de palmito. Como a mi me gusta la investigación
y además vi tan interesado en el asunto al rector de la Universidad de Costa
Rica, quien me ofreció apoyarnos en materia de investigación, me decidí a
sembrar palmito”.
En
aquellos días no existía ningún antecedente de siembra bajo condiciones
controladas, y los empresarios dedicados a este vegetal explotaban la producción
silvestre de países como Brasil (entonces el principal competidor) Paraguay,
Uruguay y Colombia, para surtir al mercado francés y algunos países del actual
Mercomún Europeo.
“Así
que nosotros empezamos a sembrar científicamente esta palma, que sólo se da en
países tropicales. En ese entonces Brasil era el rey de la exportación, pero con
plantaciones silvestres, aún así, a mi me gustó mucho el producto”.
Para
Don Roberto el palmito no constituía un negocio, “quise hacerlo por Costa Rica,
me dije: Vamos a hacer algo que le
sirva a Costa Rica”, así que con el apoyo de los investigadores de la
Universidad de Costa Rica, se desarrolló en un principio el cultivo
científicamente controlado.
GRUMA,
además de haber realizado la investigación del palmito como agricultura, se
encargó de crearle un proceso industrial. “Manuel Rubio creó la tecnología para
el palmito y ahora producimos todo automáticamente, nosotros fuimos el detonador
de la industrialización y globalización de este producto” recuerda Don Roberto.
“Hoy en día es un verdadero negocio gracias a que en un principio nos
preocupamos por realizar toda la investigación y el desarrollo de la
maquinaria”.
En
Costa Rica, existen hoy en día 15 mil hectáreas de palmito y un sin número de
productores. GRUMA cuenta con dos mil hectáreas, y tiene como mercado el
Mercomún Europeo, Francia, Bélgica, Italia y España entre otros. “El palmito lo
hicimos por servir de algo a la comunidad en que uno vive, hoy, es un producto
de exportación no tradicional que da empleo directo a casi 10 mil personas en
ese país”, añadiría Don Roberto González Barrera.
De
las ventas de este producto el 45% se realiza en Europa, el otro 45% en Canadá y
Estados Unidos y el 10% restante corresponde a países latinoamericanos y a
Japón.
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